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¡Este sumiso tenía tantas ganas de correrse!

Pero, por desgracia, fue imposible. Y eso que había hecho todo lo posible por estimularlo. Hay que decir que había aceptado entregarme su polla... Y comprendió que su polla se había convertido realmente en mi polla... el juguete de mis caprichos y de mis ataduras. Me encantó verlo retorcerse cuando le hice llegar a su punto de no retorno...


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