Este sumiso está sufriendo por mí, ¡y veo que eso le excita muchísimo!

Tengo que confesaros que a mí también me excita un poco...
Ha venido para entregarse. Le he atado las muñecas a la espalda. Le he cubierto la cabeza y los ojos con una capucha de cuero. Sus pezones están sujetos con mis pinzas. Para mí, ahora no es más que una polla a la que aprieto poco a poco los testículos. ¡Hasta ahora, cuanto más los aprieto, más dura se pone!
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