Sabes que para él siempre estoy disponible...

En cuanto percibo su deseo —y no tardo en tener la prueba irrefutable—, noto cómo mi vagina se humedece y se relaja. Entonces le ofrezco mi trasero y me inclino sobre la mesa. Cuando me levanta la falda y me aparta las bragas, siento que me convierto en su perrita...
Y tú, debes de sentirte de verdad como un cornudo. No dudes en masturbarte mientras lo ves hacerme correrme...
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