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Kratos, mi mascota, aprende muy rápido y me encanta jugar con él y pasearlo por mi estudio. Ya sabe perfectamente traerme la pelotita en su boca y depositarla entre mis tacones. A veces la mojo con mis humedos labios inferiores y se la lanzo muy lejos para verle mover el rabito que siempre lleva empotrado en su ano durante la sesión. Entoces, el muy goloso, tarda bastante en traermela porque la olisquea y la lame con devoción, degustando el sabor de su Dueña. ¡Me encanta jugar con mi perrito! Y a él, claro, le gusta tanto o más que a mi. Su polla no me miente. El otro día, estaba ya tan excitado y desesperado que me pidio que le sacara a la calle a pasear. Me hizo reir mucho su proposiciñon y estuve a punto de hacerlo, pero yo también tengo mis limites y sé de los límites reales del sumiso. Confía en mí. No dudes que con la Señora Artemisa tus fantasías veran la luz en la más extricta intimidad.
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Me he corrido encima y sin tocarme al ver este post. He manchado hasta el calcetín ¡Madre mía con la Señora Artemisa! Tengo que volvel a mis ejercicios de Kegel.