¡Le había prometido a este sumiso que algún día me follaría!

Cuando, al comienzo de la sesión, le anuncié que había llegado el día, me pareció que estaba muy excitado. Cuando le cerré la jaula de castidad que le había preparado, no entendió de inmediato lo que iba a pasar. Pero al final eso no me impidió que me follara como yo quería. Disfruté tanto de sus embestidas como de pensar en su intensa frustración.
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