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El Arco de Artemisa: Un reflejo de mi voluntad - 4.Custodia y Juego

P.- ¿Qué diferencia encuentras entre una entrega ciega, obediente y sumisa frente al deseo de ser sometido y obligado? ¿Un corderito que obedece o un cachorro al que obligas?

R.- En la disciplina de la dominación, prefiero sin duda a aquel que se entrega con la pureza de un cordero, quien deposita su confianza absoluta en mis manos y cuya obediencia es total, casi devocional. En esta dinámica, el control no es solo un privilegio, sino un acto de custodia que me transforma en guardiana. Soy consciente de que su rendición descansa sobre una confianza ciega: la certeza de que, aunque someta sus límites a las pruebas más rigurosas y lo conduzca por caminos de incertidumbre, su integridad permanece bajo mi capricho. Esta forma de dominio no es ni fácil ni ligera, conlleva el peso de una responsabilidad profunda, sagrada, donde mi voluntad es, a la vez, su ley y su refugio.

Por otro lado, he aprendido a manejar con maestría la psicología del sumiso tipo "Cachorro". Aquí, el lenguaje del poder se transforma en una dinámica diferente, donde la sumisión se mezcla con una vitalidad instintiva. Comprendo a la perfección su necesidad de ser "obligado", su deseo por que la autoridad se manifieste de forma directa, imperativa y vibrante. En esta situación me permito habitar un rol que me llena de placer; desempeño mi papel con una precisión quirúrgica, disfruto de la firmeza y el ingenio que requiere. Es genuinamente divertido llevarlo a esa obediencia, a esa rendición, transformar la disciplina en un juego de voluntades donde yo, siempre, poseo la última palabra.


En esta serie de 7 entradas respondo a 7 preguntas de uno de mis admiradores.




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