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El Arco de Artemisa: Un reflejo de mi voluntad. - 2. La Huella

P.- ¿Qué sensación te provoca la mirada de un sumiso satisfecho cuando se despide de ti agradecido? ¿Qué y cómo te hace sentir el verle marchar y saber que sale marcado por ti? ¿Qué supone esa marca para ti, como Ama?

R.- Al terminar, me invade una satisfacción profunda y serena. Observo a mi sumiso y experimento un doble orgullo: por él, por su entrega y obediencia que muchas veces roza la perfección, y por mí misma, me orgullece saber exactamente dónde se rompen sus límites. Existe una unión silenciosa en ese entendimiento, una conexión que sólo nace de la autoridad absoluta.

Soy plenamente consciente de las marcas que dejan mis sesiones. Sé que esas huellas, que quedan grabadas en la piel como un lenguaje secreto, serán el recordatorio de mi presencia durante las horas, o incluso los días, que sigan a nuestro encuentro. Mientras esas marcas perduren, son sellos de propiedad que persisten en el día a día, susurran y le recuerdan quién ostenta el mando. Aún más allá quedan las marcas en la mente del sumiso, en su personalidad, en su recuerdo. Esas que sólo él puede explicar.

Y lo sé con la certeza de que volverá. Al igual que tantos otros antes que él, sentirá la urgencia de volver a mi presencia, buscando de nuevo el peso de mi voluntad. Algunos, simplemente no saben vivir sin que yo les indique cómo deben actuar, han sucumbido a una dulce adicción: la necesidad irremediable de ser gobernados por una mano que no sólo manda, sino que comprende la esencia misma de su deseo.


En esta serie de 7 entradas respondo a 7 preguntas de uno de mis admiradores.



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