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¡A veces echo de menos a mi macho alfa!

Pero ni siquiera las bonitas pollas de mis sumisos logran satisfacerme. Hoy, este sumiso está atado a una silla y no puede hacer más que mirarme. Le explico que tengo ganas de una polla y que mi consolador, que nunca se ablanda, me va a satisfacer delante de él...


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